lunes, 28 de noviembre de 2011

Silencio, estamos retrasando lo inevitable

La vida de hospital puede ser tan románticamente televisiva como desesperanzadoramente real. Gracias a mi madre me hice bastante habitué de los pasillos de la salud pública, al punto tal de amar y odiar en la misma medida estos lugares.
Lo cual me lleva a explicar el título de este humilde ensayo escrito en la habitación 115 de un hospital de la zona sur, con el Chaqueño Palavecino de fondo en la tele. En un capítulo de mi serie favorita, casualmente una comedia de hospital, uno de los doctores aseveró que "nosotros no buscamos la salud; simplemente retrasamos el final que todos sabemos que va a ocurrir inevitablemente". Y es una frase que me marcó tanto, que cada vez que paso por una clínica no puedo dejar de pensar  que la Muerte se pasea tranquilamente por sus alas, eligiendo randómicamente a quién dormir en su sueño de eternidad.
Bajo un momento a fumar, y veo la puerta de la guardia allá a unos metros. Un lugar tan frenético como pocas veces vi, ya que justamente, es ahí donde a veces se debate la lucha de la fragilidad de la vida contra la oscuridad de la muerte. En este momento están entrando a un herido de bala. Hace un rato, me conversa el seguridad de la puerta, ingresaron a dos accidentados en moto. Veo las caras de los padres primerizos que traen a sus hijos sin saber lo que les pasan. Veo los ancianos que quedan a merced de esa vorágine humana que los relega al segundo plano. Las enfermeras del turno noche, más dormidas que vivas. Los dos policías que custodian al ladrón atrapado y herido en una pierna.
Y paradójicamente, cruzando la avenida se encuentra un salón de fiestas que, ajeno a todo esto, festeja los 15 años de una jovencita a puro volumen. Hace un rato hizo su entrada con fuegos artificiales. Mi pensamiento, compartido con el de una de las enfermeras, fue “un poco raro poner un salón de fiestas al lado de un hospital, es como si pusiera una funeraria al lado de un jardín de infantes”.
Ya me tocó estar dos veces sobre la camilla, poca gente sabe esto. No voy a dar muchos detalles; simplemente voy a decir que puede ser agradable u odioso dependiendo de la onda que le ponga cada uno. La primera vez fue un suceso que marcó mi vida. La segunda vez hizo que torciera absolutamente todo lo que venía haciendo hasta ese momento. No sé si me haría gracia caer ahora, más que nada porque son ocasiones en que me las arreglé solo por completo y ahora querría lo mismo. Yo y mi costumbre de herir sentimientos ajenos.
De todos modos, quizás no sea tan malo pasar una pequeña temporada ahí adentro. A ver cuántos me llaman para ver qué pasó. A ver cuántos retoman el contacto perdido conmigo. A ver cuántos vienen a verme con ganas, y cuántos vienen a verme con culpa. Incluso, a ver cuántos vienen. Y como todo en mi vida es una contradicción permanente, no tengo ganas que venga a verme nadie. Ahí me viene a avisar la enfermera que puedo volver a subir. Tengo que ir a ver a mi vieja. Tiempo del mea culpa…

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Puro blabla

Vivo de las palabras, tanto las escritas como las dichas al aire. Son vitales para mi trabajo, como también lo son para mi nuevo (o retomado) hobby de blogger newbie.

Leer cómo escriben, ver qué escriben y presenciar dónde escriben cuando las personas escriben, es un ejercicio que me ayuda a estar siempre alerta a varias conversaciones al mismo tiempo. Sobre todo, para saber cómo es el estadio de ánimo del interlocutor. No me convence quedarme con la liviandad del primer vistazo, esa primera impresión asesina tan característica mía. Siempre existe una idea secundaria debajo de la principal, y casi siempre resulta más importante que la primera.

Eso es lo más interesante, si no lo más enriquecedor, de nuestro idioma. Quienes me conocen de cerca saben que la ironía es mi lengua nativa, corolada con toques de sutileza y muchísimo doble sentido dependiendo del caso particular. Mucho me costó balancear todo eso hasta convertirlo en un mix interesante y de buen gusto; por lo tanto me gusta ejercitarlo constantemente.

Además sabemos que esos recursos idiomáticos no son comunes a todos, y son ajenos a unos cuantos. De manera que, quienes sabemos utilizarlos, podríamos ser los conserjes de la Torre de Babel.

Irónicos, alegres, reflexivos, sarcásticos, derrotistas, quejosos, chispeantes, directos, tímidos, reservados, sinceros, picantes... todos los rasgos de nuestra personalidad quedan al descubierto cuando nos expresamos. No quiero decir con esto que se entiende lo que queremos expresar, sino que sencillamente el estado de ánimo es quien queda al desnudo cuando nos expresamos. 

Sobre todo en esta época en que el lenguaje se encuentra tan bastardeado (no me cierra la idea de "aggiornado"), tanto por licencias idiomáticas como por los diferentes... llamémosle dialectos varios de los estratos sociales, el ahorro en las telecomunicaciones (la rapidez de escritura en los sms, programas de mensajería instantánea y redes sociales, haciendo gala todo ello de su informalidad) o el mero desconocimiento de quienes no tuvieron la oportunidad de educarse.

¿Me piden una conclusión? No se puede conocer a una persona por el mero hecho de leer un puñado de expresiones proferido por ella. Quien afirme esto, algo tan clásico de escuchar de parte de tantos filósofos de bar, no es un conocedor sino un ladri. Cuanto mucho, puede dar una idea muy sutil en cuanto a aproximación de la personalidad de la persona, pero solamente rasgos muy externos. Ni hablar, en mi modesta opinión y experiencia de vida, de quienes juzgan la personalidad por su manera de escribir a mano alzada. Eso ya radica en lo puramente descarado, ya que para plantear estas cosas nada mejor que un buen y desconocido psicólogo.

Ahora bien, no sirve de nada ser un literato destacado, o un orador exquisito, si no se cuenta con una platea acorde. Y más allá de la única persona que declara leer este humilde espacio, sé que lo hacen otros internautas cuya opinión respeto muchísimo por estar involucrados en los medios desde hace tiempo y haber demostrado que la pluma es más poderosa que la espada, voto a Jack Nicholson.

Pequeñas alegrías de alguien que se esfuerza en escribir algo ameno e interesante a la vez.

Lo cual hace que me pregunte, tras esta introducción un tanto larga, el tópico que me llevó a escribirla. ¿Por qué cazzo las minas que son las más perras, fiesteras y zarpadas, son las primeras que claman que "ya no quedan hombres!", o ponen una cita de Bucay acerca de lo solas e incomprendidas que se sienten, o un aforismo de Narosky pidiendo por el príncipe azul que las lleve al palacio de cristal en su muro de Facebook? ¿No se dan cuenta que todos los que ya pasamos por esa histeriqueada sabemos de memoria que son las primeras que, después de jurarte amor eterno tras la sexta botella de Frizze, se van derechito al baño a fisurar media hora y después le pasan el teléfono a cuanto chongo se cruce en el medio, o en cuanta red social de trampa puedan conocer? Pero ojo, vos seguís siendo el amor de sus vidas eh, no te confundas...

¡Carajo, qué bronca que me dan!





martes, 22 de noviembre de 2011

Paqueterías

Un turista británico se me acerca. "Where's aveniuda 9 de hulio?" Le contesto en mi clásico redneck. Se va mirándome un tanto extrañado.

Una señora pasea su Teckel; demasiado chico y ruidoso para mi gusto. Algunos gimnastas dan vueltas al trotecito frente a la Embajada de Francia; prefiero ir a Plaza Francia que es más empinada. Un jubilado le da de comer a las palomas; se me antoja un ex presidente derrocado al que no alcancé a votar. O dos. Las amigas que van al after office un tanto retrasadas; va a ser muy raro que me vean en un lugar así. Los ecológicos que vuelven a casa en bicicleta o rollers; qué necesidad de entorpecer el tránsito contaminante.

La parejita de alemanes besándose bajo el farol. La señora que no entiende su nuevo smartphone; le explico cómo enviar el sms que tenía en mente. Dos chicas más que bonitas sonríen tras el piropo de un taxista; todavía quedan caballeros en estos agitados tiempos. Un policía que casi abre un surco de tanto subir y bajar la calle; me está mirando feo porque lo estoy mirando neutral. Una señal de wifi algo distraída; qué bueno que hizo amistad con mi teléfono.

El grupito de japoneses que salen con sus cámaras; sigan un par de cuadras para la izquierda a ver cuántos terminan vivos. El atado de cigarrillos que se me termina; ni siquiera me puedo morir a bajo costo con lo que aumentaron.

La tarde está cayendo, voto a Gustavo Cerati, en Arroyo y Alvear.

La estación de subte me queda en la otra punta; podrían hacer una estación acá eh. El deseo reprimido de tomar un taxi; los viáticos de la empresa no me lo cubren y prefiero ahorrar.

Amo Buenos Aires. Pero odio la secuencia tan milimétricamente preparada y precisa de reloj suizo de todos los barrios recoletos y patricios.

Me quedo sin batería. El wifi se desenamora del teléfono. Se murieron mis ganas de estar acá. Pienso en la hora y media que tengo de viaje hasta m casa y desfallezco. Me fui.


jueves, 17 de noviembre de 2011

Ciudad de Dios, Ciudad del Pecado

La ciudad de Buenos Aires es un ámbito que nunca deja de sorprenderme. Tiene una mezcla de romántica y salvaje como en pocos lugares del mundo pude ver. Desde la paz de los bosquecitos de Puerto Madero, pasando por el frenesí neurótico de Microcentro, hasta la peligrosidad oscura e inquietante de Pompeya.

La fauna urbana es extremadamente variada, siendo una de las ciudades con mayor diversidad étnica de Latinoamérica (sino del Mundo). Y el ámbito ocupacional no se queda atrás. Oficinistas, secretarias, cadetes, cartoneros, políticos, faranduleros, prostitutas, transas, policías, bolivianos, paraguayos, peruanos, judíos, chinos y dominicanas. En medio de eso, hasta se puede encontrar algún que otro argentino. Y cuando se rompe el delicadísimo balance diario, es cuando la ciudad grita a plenos pulmones.

Tránsito imposible, edificios que se caen como casas de naipes, calles cortadas por piquetes, el subte que rebalsa en hora pico, tacheros que no frenan donde tienen que hacerlo, colectivos que no ven hacia los costados, llueve y Santa Fe se transforma en Mar Chiquita, malabaristas que atrasan los semáforos... y en medio de ese infierno dantesco quedamos nosotros, los humildes laburantes que vamos a dejar nuestro sudor para que la ciudad pueda avanzar. Y la ciudad que cada vez nos maltrata más.

Nuestro único deseo es llegar a casa lo más rápido posible, sobre todo cuando salimos de la oficina el viernes a la tarde. ¿Es mucho pedir?

Buenos Aires me enamora. Es la novia perfecta. Todos los estados de ánimo, todas las histerias, todos los problemas. Hasta que se hace de noche, y nos muestra su mejor cara escondiéndonos sus miserias en el suburbio.

¿No será un poco masoquista de mi parte?




La Daga detrás de la Sonrisa

Cada vez que salgo a fumar a la puerta de la oficina, normalmente junto con uno de los abogados del estudio, me entretengo observando a la gente que va y viene en ese clásico vals que es el trajín diario. En especial, me gusta detenerme en las parejas que cruzan enfrente mío.

Hace un rato nomás pasó una parejita de doctores. En realidad ella es enfermera y él, cirujano (el color del ambo los delata). Ella iba parloteando de no sé qué catéter que había colocado fuera de hora laboral. Él iba destilando amor por cada uno de los poros de su cuerpo, aunque aparentemente ella no se diera cuenta. O sí, y sabiéndose dueña de la situación, podría aprovecharse para obtener un aventón hacia su casa.

Más tarde fue el turno de dos chicas que iban de la mano, aunque mirando en direcciones contrarias. La que miró hacia mi lado estaba completamente abochornada; es como que quería querer estar ahí pero una fuerza superior la obligaba a querer salir corriendo. La que miraba para el lado de la calle lo hacía con fastidio, como si supiera que su compañía no estaba del todo cómoda, pero aún así se esforzaba por disimular.

La pareja de policías de la Metropolitana recorría por enésima vez la calle de arriba a abajo, deteniéndose siempre que pasaban frente a Simón, el ciruja de la cuadra. Y nunca se esforzaron en disimular el desdén que les provocaba ver un cuadro tan dantesco dada lo paqueta que es esa cuadra.


Las expresiones de nuestro cuerpo son tan variadas como difíciles de ver. Y lo más curioso es que la dificultad aumenta de manera opuesta a lo que uno creería que fuese lo normal: las demostraciones de amor son más complicadas de percibir, contrariamente a las de odio. Pero lo más triste de todo es que nos resulta más fácil percibir emociones ajenas que van dirigidas a otras personas, más nos es extremadamente difícil darnos cuenta cuando esas expresiones nos las regalan a nosotros.

Supongo que esto es porque cuando el corazón mete su sinrazón, es difícil separar la utopía de la razón.

Nunca tuve ese don, aunque puedo olfatear un mentiroso a millas de distancia. Supongo que con esa capacidad, mi vida sería un poco más fácil. O al contrario, ya que me tornaría un perseguido absoluto que no podría tener un simple rastro de confianza en el género humano. Pero no dejaría de tener un cierto poder sobre el resto de los mortales, y qué es lo que queremos en esta vida sino algo de poder...



domingo, 3 de julio de 2011

Rápido, los márgenes salvadores!




Día uno: Alguien me mira frente al espejo... soy el espejo deformado de una mirada, o la mirada que deforma el espejo. No sé. En definitiva hay algo, y no sé qué es.

Día dos: Afeitarme? Por qué...? Me gusta mi barba, me acompaña desde hace mucho. Sine qua non? Dios... cómo me cuesta el desarraigo...

Día tres: Preguntan por mi nombre. Lo suelto como a quien se le cae un papel muy importante, o algo de mucho valor. Porque lo valoro y lo cuido mucho. Pero esta vez no me cuesta dejarlo salir. Por qué será?

Día cuatro: Un número, una dirección, algo. Tirame algo bro. Por qué no? Celos... no, tuyos no... de terceros. Hacia mí? No puede ser...

Día cinco: mañana... mañana es el día. De qué? Qué clase de prueba? Podré afrontarla? No tengo nada que perder, mis peores miedos son la muerte y el ridículo, y creo que voy un poco hacia ambos, y sin frenos.

Día seis: se suspende por lluvia. Otra vez. Ya pasó anteriormente, y sé lo que se siente. Mi expectativa es frágil, me recuerda a una mariposa en medio de la tormenta, y tengo miedo. No estoy preparado para esta espera, me molesta, me duele. Quiero largar todo al carajo, no me importa. Pero por suerte, llega esa palabra mágica que me puede por completo. Calma...

Día siete: sin novedades. La tranquilidad se disipa. Desapareció violentamente. No tengo más uñas que atacar. Me siento Samara en el pozo. Sólo que en vez de ascender, desciendo.

Día ocho: el trabajo va mal, el jefe se impacienta. La facultad, bien gracias. Quiero largar todo otra vez. Maldita inseguridad. Me odio cuando pasa eso. No tengo nada de qué aferrarme, y es lo que más me desespera. Saco las telarañas de mi cabeza, decido ir por otro camino más perjudicial pero más corto. Se terminó, es el game over, el último tema, el último tren de esta noche.

Día nueve: Por supuesto. Ya lo entendí. Significa que tengo miedo de abrir el cofre, Davy Jones no hubo uno solo. El problema es que no tengo la llave, la arrojé lejos hace tiempo.

Día diez: ya no lo soporto, quiero que se abran los cielos y me den una señal. Saben que este pobre indigente de sentimientos se cansó de remendar el que late, y se está quedando sin hilo. Veo el tesoro nuevamente. Vale la pena? Algo me dice que sí...

Día once: Otra vez. Dentro de dos soles. Quizás haya otro sol que brille más fuerte. No lo sé, y tengo miedo de ir a buscarlo. Me gusta el que tengo conmigo, me hace menos daño.

Día doce: Detalles que se perdieron con mi anterior funeral. Seré capaz de volver a tenerlos? Los demás no tienen por qué pincharse con mis espinas, sé que mi cercanía lastima. Y no alcanzo a sacarme todas.

Día trece: fiebre, movimiento, las horas pasan y el sol se quedó quieto. Y cuando salió su perseguidora, ahí estaba yo esperando nacer. Será duro, pero el trabajo de parto quizá valga la pena.

Veo. Me ve. Pero es demasiado valioso, al igual que mi corazón. ¡Tengo mucho miedo! ¿Voy a terminar suicidando mis palabras, como siempre?

Una frase, una frase única es la que necesito. Es demasiado real ese aroma como para ser de un ángel.

Que se vayan todos. No los quiero. Pero necesito que me protejan. Estoy completamente vulnerable. ¿Por qué cuesta tanto?

Sinceridad. Frases hechas que se cruzan. Quiero arriesgar. Pero es muy arriesgado. ¿Y si no resulta? It's up to you, boyo.

¿Qué hago? ¿Pido el cambio? ¿Pateo al arco? ¡Por qué daré tantas vueltas para encontrar lo que ya había encontrado!

De repente no queda nadie. Y las palabras fluyen libres. Ya no cuesta nada. Pruebo mirar hacia adelante. Me consumo en esos ojos, pero me siento tranquilo. Y el resto que pasa, como ridículas marionetas los veo danzando a mi alrededor. Sigo mirando adelante. ¿Por qué no me cuesta? Sigo. No puedo dejar de mirar. Ni quiero tampoco. 

... y sin pensarlo, en un mínimo impulso, todo se cae. La coraza se quiebra. La dureza de la realidad que te pega de mil maneras. Impensadas. Pero imaginadas. Me dejo llevar... no me interesa nada más. Si la muerte está a la vuelta de la esquina, moriré con una sonrisa.

Juega. Juego. Hago todo lo posible para dejarme ganar. "Detalles" me dijeron momentos atrás... ¿así eran? No me interesa el ridículo a esta altura, me interesa que llegue.

Aparecen los anteriores. No me interesa, Non bis in idem, y yo tampoco soy un santo. Números... poner cara de humilde salva.

No quiero dejar de sentirte, al menos en esta vida. Derramada encima mío es como si sintiera las olas del mar. Bienvenida a mi mundo, a ese que siempre temí que invadieras.



Finalmente, a Juan lo lograron confundir, y tiene miedo. Miedo de que ese temor sea cierto. Miedo de que lo que dijo no se entienda. Miedo de que no se diga nada más. No sabe -o no recuerda- cómo manejarlo, y tiene más miedo aún. ¿Sentirse vulnerable? Es cosa de todos los días. Pero sentirse vulnerado, pocas veces como ahora. No sabe qué va a pasar, no sabe qué seguir escribiendo, y eso es lo que más miedo le da. Y cuando habla en tercera persona, es porque está realmente preso del pánico.

¡Rápido, los márgenes salvadores! Que ahí no se puede escribir nada...




martes, 15 de junio de 2010

Contemplación de un Cuadro


Hacía muchísimo rato que no me ponía a escribir acá, bah en realidad usaba esto para exhibir mis laburos pero lo hice poco y nada. Y ahora que amablemente me rajaron, supongo que me va a resultar más inútil todavía.

El punto es que, mientras que estaba fisurando con un tema de Pink Floyd (advertencia para púberes y adultos puristas: sí, de vez en cuando me clavo una puzza con fines terapéuticos, o sea bajar un cambio y relajarme, en contraposición de ir a un bar y agarrarme flor de tranca: lo veo mucho más saludable al hecho de quedarme en casa mirando el techo horas y horas escuchando Jethro Tull, Floyd o King Crimson, que deambular sarnoso por el medio de la calle con el consabido riesgo de terminar haciendo carambola entre los bondis de avenida Alsina. Chicos, no fumen que hace mal. Con esto me saqué a la poli de encima, tengo todo el marketín) se me ocurrió pensar acerca de la primera boludez que se me venga encima sin previo aviso. Y mientras esquivo la cucaracha que attempted tirárseme encima cual kamikaze iraquí, miro el fino y pienso "qué onda man, cuál es el punto de quemar un naco y que todo el mundo te vea como un delincuente en potencia?"

Esto es particularmente gracioso viniendo de gente que quizás, durante sus interminables partidas de canasta o brisca acompañadas por un Victoria o Virginia (no me acuerdo cuál es el nombre de tal cigarrillo paqueto) comenta estas actitudes acerca de la gente joven que es cultora de hábitos fumadores poco "legales". Digo que es particularmente gracioso ya que el hecho de fumar tabaco, al ser legalizado y pagar legales impuestos, a nadie le choca como el hecho de fumar marihuana. Que si bien en otras culturas, como la holandesa o la jamaiquina, o la de los pungas de la esquina de tu casa, es algo completamente habitual y nadie se detendría a pensar que involucionarían de un modo tremendamente anacrónico con el sólo pensar de prohibirla siquiera o limitar su consumo.

Pero una de las cosas que más le agradezco a mi vida académica es, además de mantenerme lejos del puterío de Fort, Pachano, Alfano y me la agarran con la mano, el haberme reencontrado con la vieja y querida María. Novia eterna con la cual nunca te vas a pelear, al igual que Manuela en los hombres. Es esta dama la que te hace hacer cosas extrañas, como darte una euforia extrema o bajarte de un hondazo al onceavo subsuelo. Pero las experiencias previas al final del camino y de la luz del túnel donde te espera Víctor es de lo más variado que te pueda ocurrir. A mí por ejemplo me pega del lado de la risa, el entumecimiento mandibular, la resequedad bucal (a nadie le voy a hacer un pete, no se entusiasmen) y el poder estar hablando de gansadas hiladas en el mismo instante sin ningún tipo de sentido, coherencia o razón aparente. Groovy.

Qué intro tan larga.

Digo intro porque todavía no llego al punto que quiero tocar. Una línea recta es la menor distancia entre dos puntos, recuerdo esa definición que me dio mi viejo. Línea. Acaso me mandó un mensaje subliminal acerca de la porquería? Qué porquería que son las propagandas del mundial, me tienen harto la voz de gato al cual le están invadiendo el ano de la mina que hace la propaganda de Movistar. Propaganda era un grupo pop de los ochenta si mal no recuerdo, lo tenía en un casette de Música Total antes de Persiana Americana de Soda Stereo. En stereo estoy escuchando Do the Evolution de Pearl Jam, podría ponerlo en Multi Stereo o ProLogic para que funquen los 6 canales del Sony que me regalaron. En el comedor de la facultad pusieron un Sony Bravia que está de lujo, DirecTV se ve tremendo, por fin veo bien el verde. Pensá en verde te dice la propaganda de la cerveza; en vez de cerveza se me antoja pensar en dólares o en orégano. Me zarpé para la mierda con el orégano en la pizza del sábado, calculo que por eso es que mi viejo al rato echaba fuego por la boca. Y ahora en Boca dicen que las obras de ampliación de la cancha está trabada, no me voy a poder hacer socio en mi puta vida. Graciela Alfano se descompuso en el Bailando hace un rato, la camiseta argentina le estaba comprimiendo las gomas de tal manera que le iban a provocar dos jorobas en las espalda cual camello. Me duele la espalda de un modo grosero, el haber querido hacer abdominales mientras miraba Avatar no fue buena idea. Tengo que cambiar el avatar del blog, ya estoy podrido de este mundo puto de la fotografía de eventos. Quién carajo está escuchando Fotografías de Juanes a esta hora, mis vecinos están sordos sin remedio. Qué remedio para mis penas de amor que fuiste mi vida, la verdad que no sé qué haría sin vos. Haría falta más de un profesor para que pueda aprobar Lengua Inglesa, la verdad es que mi nivel últimamente está más bajo que culo de puta vieja. A mover el culo, dicta la canción que estoy escuchando ahora, y no tengo la más mínima idea de por qué llegó ese tema a mis parlantes. Dos temas tuvo el parcial de Principios, y me suena muy sospechoso que el tema 2 era notoriamente mucho más fácil que el uno. Uno busca llenos de esperanzas el camino que... que qué? Mientras camino en círculos alrededor de mi pieza con el teclado inalámbrico y escribo sin ver lo que sale en la pantalla, me pregunto cuándo carajo me va a pegar el chango que quemé hace un rato. Pobre chango el de mi tía, cuando fui a la feria el otro día casi se lo reviento de tantas pelotudeces que traje. El traje que usaba para los sociales supongo que no lo voy a usar más, salvo que consiga aquel laburito o me haga traficante, para lo cual voy a dejarme la barba properly tipo candado. El tipo al que le tiré la Coca ayer en el comedor de la facultad me suena tremendamente conocido, no me acuerdo si de cuando fui a dar sangre al Menendez en el ala de los cancerosos terminales o si se trataba del elfo doméstico de la familia Black. La familia de mi amigato aparentemente me conoce, la otra vez ella estaba hablando por teléfono con la madre acerca de un pobre fracasado que no sabe jugar al backgammon y por eso es causal de desprecio por parte de ella. Ella de Julio Iglesias fue la primer serenata que canté en un balcón, y también fue el primer baldazo de agua congelada que recibí. Recibí un mail tan pero tan pelotudo y digno de un pendejo no pensante que tengo ganas de mandar un mail con meningitis a toda la lista de Traductorado, matando a todos los que tienen cerebro para que queden sólamente ellos dos y así poder tajearles los genitales con un Pico Dulce. Te di un pico nada más, eso no significa que tengas que empezar a importar caucho por la goma que se va a armar en tu casa y conjeturas que armaste al toque sin ningún asidero. Así Deró dejó de gustarme y pasó a ser catalogado como un concheto con menos vida lúcida que La Loca de los Gatos cuando lo vi jugar con el corcho contra Pappo en el programa de Nico. Gracias Nico por proporcionarme lo que tanto estaba necesitando, prometo que algún día compensaré tan noble gesto. Iván Noble seguirá casado con Julieta Ortega? O era Julieta Prandi? Mi amiga Julieta desapareció desde la última vez que la vi en el puesto de diarios, después nunca más, por primera vez la estoy extrañando. Estoy completamente dado vuelta, no entiendo cómo mierda me las arreglo para escribir tantas incoherencias encadenadas sin haber dejado de teclear frenéticamente por siete minutos de reloj, debería quemar un poco más seguido a ver si así se me iluminan más las ideas. De nada.





Después me puse a ver esto. Y sólo recuerdo la sirena que me trajo hasta el Oñativia, las tetas de la enfermera y un intenso dolor testicular. Por qué habrá sido esto último, no me pregunten.