La ciudad de Buenos Aires es un ámbito que nunca deja de sorprenderme. Tiene una mezcla de romántica y salvaje como en pocos lugares del mundo pude ver. Desde la paz de los bosquecitos de Puerto Madero, pasando por el frenesí neurótico de Microcentro, hasta la peligrosidad oscura e inquietante de Pompeya.
La fauna urbana es extremadamente variada, siendo una de las ciudades con mayor diversidad étnica de Latinoamérica (sino del Mundo). Y el ámbito ocupacional no se queda atrás. Oficinistas, secretarias, cadetes, cartoneros, políticos, faranduleros, prostitutas, transas, policías, bolivianos, paraguayos, peruanos, judíos, chinos y dominicanas. En medio de eso, hasta se puede encontrar algún que otro argentino. Y cuando se rompe el delicadísimo balance diario, es cuando la ciudad grita a plenos pulmones.
Tránsito imposible, edificios que se caen como casas de naipes, calles cortadas por piquetes, el subte que rebalsa en hora pico, tacheros que no frenan donde tienen que hacerlo, colectivos que no ven hacia los costados, llueve y Santa Fe se transforma en Mar Chiquita, malabaristas que atrasan los semáforos... y en medio de ese infierno dantesco quedamos nosotros, los humildes laburantes que vamos a dejar nuestro sudor para que la ciudad pueda avanzar. Y la ciudad que cada vez nos maltrata más.
Nuestro único deseo es llegar a casa lo más rápido posible, sobre todo cuando salimos de la oficina el viernes a la tarde. ¿Es mucho pedir?
Buenos Aires me enamora. Es la novia perfecta. Todos los estados de ánimo, todas las histerias, todos los problemas. Hasta que se hace de noche, y nos muestra su mejor cara escondiéndonos sus miserias en el suburbio.
Cada vez que salgo a fumar a la puerta de la oficina, normalmente junto con uno de los abogados del estudio, me entretengo observando a la gente que va y viene en ese clásico vals que es el trajín diario. En especial, me gusta detenerme en las parejas que cruzan enfrente mío.
Hace un rato nomás pasó una parejita de doctores. En realidad ella es enfermera y él, cirujano (el color del ambo los delata). Ella iba parloteando de no sé qué catéter que había colocado fuera de hora laboral. Él iba destilando amor por cada uno de los poros de su cuerpo, aunque aparentemente ella no se diera cuenta. O sí, y sabiéndose dueña de la situación, podría aprovecharse para obtener un aventón hacia su casa.
Más tarde fue el turno de dos chicas que iban de la mano, aunque mirando en direcciones contrarias. La que miró hacia mi lado estaba completamente abochornada; es como que quería querer estar ahí pero una fuerza superior la obligaba a querer salir corriendo. La que miraba para el lado de la calle lo hacía con fastidio, como si supiera que su compañía no estaba del todo cómoda, pero aún así se esforzaba por disimular.
La pareja de policías de la Metropolitana recorría por enésima vez la calle de arriba a abajo, deteniéndose siempre que pasaban frente a Simón, el ciruja de la cuadra. Y nunca se esforzaron en disimular el desdén que les provocaba ver un cuadro tan dantesco dada lo paqueta que es esa cuadra.
Las expresiones de nuestro cuerpo son tan variadas como difíciles de ver. Y lo más curioso es que la dificultad aumenta de manera opuesta a lo que uno creería que fuese lo normal: las demostraciones de amor son más complicadas de percibir, contrariamente a las de odio. Pero lo más triste de todo es que nos resulta más fácil percibir emociones ajenas que van dirigidas a otras personas, más nos es extremadamente difícil darnos cuenta cuando esas expresiones nos las regalan a nosotros.
Supongo que esto es porque cuando el corazón mete su sinrazón, es difícil separar la utopía de la razón.
Nunca tuve ese don, aunque puedo olfatear un mentiroso a millas de distancia. Supongo que con esa capacidad, mi vida sería un poco más fácil. O al contrario, ya que me tornaría un perseguido absoluto que no podría tener un simple rastro de confianza en el género humano. Pero no dejaría de tener un cierto poder sobre el resto de los mortales, y qué es lo que queremos en esta vida sino algo de poder...
Día uno: Alguien me mira frente al espejo... soy el espejo deformado de una mirada, o la mirada que deforma el espejo. No sé. En definitiva hay algo, y no sé qué es.
Día dos: Afeitarme? Por qué...? Me gusta mi barba, me acompaña desde hace mucho. Sine qua non? Dios... cómo me cuesta el desarraigo...
Día tres: Preguntan por mi nombre. Lo suelto como a quien se le cae un papel muy importante, o algo de mucho valor. Porque lo valoro y lo cuido mucho. Pero esta vez no me cuesta dejarlo salir. Por qué será?
Día cuatro: Un número, una dirección, algo. Tirame algo bro. Por qué no? Celos... no, tuyos no... de terceros. Hacia mí? No puede ser...
Día cinco: mañana... mañana es el día. De qué? Qué clase de prueba? Podré afrontarla? No tengo nada que perder, mis peores miedos son la muerte y el ridículo, y creo que voy un poco hacia ambos, y sin frenos.
Día seis: se suspende por lluvia. Otra vez. Ya pasó anteriormente, y sé lo que se siente. Mi expectativa es frágil, me recuerda a una mariposa en medio de la tormenta, y tengo miedo. No estoy preparado para esta espera, me molesta, me duele. Quiero largar todo al carajo, no me importa. Pero por suerte, llega esa palabra mágica que me puede por completo. Calma...
Día siete: sin novedades. La tranquilidad se disipa. Desapareció violentamente. No tengo más uñas que atacar. Me siento Samara en el pozo. Sólo que en vez de ascender, desciendo.
Día ocho: el trabajo va mal, el jefe se impacienta. La facultad, bien gracias. Quiero largar todo otra vez. Maldita inseguridad. Me odio cuando pasa eso. No tengo nada de qué aferrarme, y es lo que más me desespera. Saco las telarañas de mi cabeza, decido ir por otro camino más perjudicial pero más corto. Se terminó, es el game over, el último tema, el último tren de esta noche.
Día nueve: Por supuesto. Ya lo entendí. Significa que tengo miedo de abrir el cofre, Davy Jones no hubo uno solo. El problema es que no tengo la llave, la arrojé lejos hace tiempo.
Día diez: ya no lo soporto, quiero que se abran los cielos y me den una señal. Saben que este pobre indigente de sentimientos se cansó de remendar el que late, y se está quedando sin hilo. Veo el tesoro nuevamente. Vale la pena? Algo me dice que sí...
Día once: Otra vez. Dentro de dos soles. Quizás haya otro sol que brille más fuerte. No lo sé, y tengo miedo de ir a buscarlo. Me gusta el que tengo conmigo, me hace menos daño.
Día doce: Detalles que se perdieron con mi anterior funeral. Seré capaz de volver a tenerlos? Los demás no tienen por qué pincharse con mis espinas, sé que mi cercanía lastima. Y no alcanzo a sacarme todas.
Día trece: fiebre, movimiento, las horas pasan y el sol se quedó quieto. Y cuando salió su perseguidora, ahí estaba yo esperando nacer. Será duro, pero el trabajo de parto quizá valga la pena.
Veo. Me ve. Pero es demasiado valioso, al igual que mi corazón. ¡Tengo mucho miedo! ¿Voy a terminar suicidando mis palabras, como siempre?
Una frase, una frase única es la que necesito. Es demasiado real ese aroma como para ser de un ángel.
Que se vayan todos. No los quiero. Pero necesito que me protejan. Estoy completamente vulnerable. ¿Por qué cuesta tanto?
Sinceridad. Frases hechas que se cruzan. Quiero arriesgar. Pero es muy arriesgado. ¿Y si no resulta? It's up to you, boyo.
¿Qué hago? ¿Pido el cambio? ¿Pateo al arco? ¡Por qué daré tantas vueltas para encontrar lo que ya había encontrado!
De repente no queda nadie. Y las palabras fluyen libres. Ya no cuesta nada. Pruebo mirar hacia adelante. Me consumo en esos ojos, pero me siento tranquilo. Y el resto que pasa, como ridículas marionetas los veo danzando a mi alrededor. Sigo mirando adelante. ¿Por qué no me cuesta? Sigo. No puedo dejar de mirar. Ni quiero tampoco.
... y sin pensarlo, en un mínimo impulso, todo se cae. La coraza se quiebra. La dureza de la realidad que te pega de mil maneras. Impensadas. Pero imaginadas. Me dejo llevar... no me interesa nada más. Si la muerte está a la vuelta de la esquina, moriré con una sonrisa.
Juega. Juego. Hago todo lo posible para dejarme ganar. "Detalles" me dijeron momentos atrás... ¿así eran? No me interesa el ridículo a esta altura, me interesa que llegue.
Aparecen los anteriores. No me interesa, Non bis in idem, y yo tampoco soy un santo. Números... poner cara de humilde salva.
No quiero dejar de sentirte, al menos en esta vida. Derramada encima mío es como si sintiera las olas del mar. Bienvenida a mi mundo, a ese que siempre temí que invadieras.
Finalmente, a Juan lo lograron confundir, y tiene miedo. Miedo de que ese temor sea cierto. Miedo de que lo que dijo no se entienda. Miedo de que no se diga nada más. No sabe -o no recuerda- cómo manejarlo, y tiene más miedo aún. ¿Sentirse vulnerable? Es cosa de todos los días. Pero sentirse vulnerado, pocas veces como ahora. No sabe qué va a pasar, no sabe qué seguir escribiendo, y eso es lo que más miedo le da. Y cuando habla en tercera persona, es porque está realmente preso del pánico.
¡Rápido, los márgenes salvadores! Que ahí no se puede escribir nada...
Hacía muchísimo rato que no me ponía a escribir acá, bah en realidad usaba esto para exhibir mis laburos pero lo hice poco y nada. Y ahora que amablemente me rajaron, supongo que me va a resultar más inútil todavía.
El punto es que, mientras que estaba fisurando con un tema de Pink Floyd (advertencia para púberes y adultos puristas: sí, de vez en cuando me clavo una puzza con fines terapéuticos, o sea bajar un cambio y relajarme, en contraposición de ir a un bar y agarrarme flor de tranca: lo veo mucho más saludable al hecho de quedarme en casa mirando el techo horas y horas escuchando Jethro Tull, Floyd o King Crimson, que deambular sarnoso por el medio de la calle con el consabido riesgo de terminar haciendo carambola entre los bondis de avenida Alsina. Chicos, no fumen que hace mal. Con esto me saqué a la poli de encima, tengo todo el marketín) se me ocurrió pensar acerca de la primera boludez que se me venga encima sin previo aviso. Y mientras esquivo la cucaracha que attempted tirárseme encima cual kamikaze iraquí, miro el fino y pienso "qué onda man, cuál es el punto de quemar un naco y que todo el mundo te vea como un delincuente en potencia?"
Esto es particularmente gracioso viniendo de gente que quizás, durante sus interminables partidas de canasta o brisca acompañadas por un Victoria o Virginia (no me acuerdo cuál es el nombre de tal cigarrillo paqueto) comenta estas actitudes acerca de la gente joven que es cultora de hábitos fumadores poco "legales". Digo que es particularmente gracioso ya que el hecho de fumar tabaco, al ser legalizado y pagar legales impuestos, a nadie le choca como el hecho de fumar marihuana. Que si bien en otras culturas, como la holandesa o la jamaiquina, o la de los pungas de la esquina de tu casa, es algo completamente habitual y nadie se detendría a pensar que involucionarían de un modo tremendamente anacrónico con el sólo pensar de prohibirla siquiera o limitar su consumo.
Pero una de las cosas que más le agradezco a mi vida académica es, además de mantenerme lejos del puterío de Fort, Pachano, Alfano y me la agarran con la mano, el haberme reencontrado con la vieja y querida María. Novia eterna con la cual nunca te vas a pelear, al igual que Manuela en los hombres. Es esta dama la que te hace hacer cosas extrañas, como darte una euforia extrema o bajarte de un hondazo al onceavo subsuelo. Pero las experiencias previas al final del camino y de la luz del túnel donde te espera Víctor es de lo más variado que te pueda ocurrir. A mí por ejemplo me pega del lado de la risa, el entumecimiento mandibular, la resequedad bucal (a nadie le voy a hacer un pete, no se entusiasmen) y el poder estar hablando de gansadas hiladas en el mismo instante sin ningún tipo de sentido, coherencia o razón aparente. Groovy.
Qué intro tan larga.
Digo intro porque todavía no llego al punto que quiero tocar. Una línea recta es la menor distancia entre dos puntos, recuerdo esa definición que me dio mi viejo. Línea. Acaso me mandó un mensaje subliminal acerca de la porquería? Qué porquería que son las propagandas del mundial, me tienen harto la voz de gato al cual le están invadiendo el ano de la mina que hace la propaganda de Movistar. Propaganda era un grupo pop de los ochenta si mal no recuerdo, lo tenía en un casette de Música Total antes de Persiana Americana de Soda Stereo. En stereo estoy escuchando Do the Evolution de Pearl Jam, podría ponerlo en Multi Stereo o ProLogic para que funquen los 6 canales del Sony que me regalaron. En el comedor de la facultad pusieron un Sony Bravia que está de lujo, DirecTV se ve tremendo, por fin veo bien el verde. Pensá en verde te dice la propaganda de la cerveza; en vez de cerveza se me antoja pensar en dólares o en orégano. Me zarpé para la mierda con el orégano en la pizza del sábado, calculo que por eso es que mi viejo al rato echaba fuego por la boca. Y ahora en Boca dicen que las obras de ampliación de la cancha está trabada, no me voy a poder hacer socio en mi puta vida. Graciela Alfano se descompuso en el Bailando hace un rato, la camiseta argentina le estaba comprimiendo las gomas de tal manera que le iban a provocar dos jorobas en las espalda cual camello. Me duele la espalda de un modo grosero, el haber querido hacer abdominales mientras miraba Avatar no fue buena idea. Tengo que cambiar el avatar del blog, ya estoy podrido de este mundo puto de la fotografía de eventos. Quién carajo está escuchando Fotografías de Juanes a esta hora, mis vecinos están sordos sin remedio. Qué remedio para mis penas de amor que fuiste mi vida, la verdad que no sé qué haría sin vos. Haría falta más de un profesor para que pueda aprobar Lengua Inglesa, la verdad es que mi nivel últimamente está más bajo que culo de puta vieja. A mover el culo, dicta la canción que estoy escuchando ahora, y no tengo la más mínima idea de por qué llegó ese tema a mis parlantes. Dos temas tuvo el parcial de Principios, y me suena muy sospechoso que el tema 2 era notoriamente mucho más fácil que el uno. Uno busca llenos de esperanzas el camino que... que qué? Mientras camino en círculos alrededor de mi pieza con el teclado inalámbrico y escribo sin ver lo que sale en la pantalla, me pregunto cuándo carajo me va a pegar el chango que quemé hace un rato. Pobre chango el de mi tía, cuando fui a la feria el otro día casi se lo reviento de tantas pelotudeces que traje. El traje que usaba para los sociales supongo que no lo voy a usar más, salvo que consiga aquel laburito o me haga traficante, para lo cual voy a dejarme la barba properly tipo candado. El tipo al que le tiré la Coca ayer en el comedor de la facultad me suena tremendamente conocido, no me acuerdo si de cuando fui a dar sangre al Menendez en el ala de los cancerosos terminales o si se trataba del elfo doméstico de la familia Black. La familia de mi amigato aparentemente me conoce, la otra vez ella estaba hablando por teléfono con la madre acerca de un pobre fracasado que no sabe jugar al backgammon y por eso es causal de desprecio por parte de ella. Ella de Julio Iglesias fue la primer serenata que canté en un balcón, y también fue el primer baldazo de agua congelada que recibí. Recibí un mail tan pero tan pelotudo y digno de un pendejo no pensante que tengo ganas de mandar un mail con meningitis a toda la lista de Traductorado, matando a todos los que tienen cerebro para que queden sólamente ellos dos y así poder tajearles los genitales con un Pico Dulce. Te di un pico nada más, eso no significa que tengas que empezar a importar caucho por la goma que se va a armar en tu casa y conjeturas que armaste al toque sin ningún asidero. Así Deró dejó de gustarme y pasó a ser catalogado como un concheto con menos vida lúcida que La Loca de los Gatos cuando lo vi jugar con el corcho contra Pappo en el programa de Nico. Gracias Nico por proporcionarme lo que tanto estaba necesitando, prometo que algún día compensaré tan noble gesto. Iván Noble seguirá casado con Julieta Ortega? O era Julieta Prandi? Mi amiga Julieta desapareció desde la última vez que la vi en el puesto de diarios, después nunca más, por primera vez la estoy extrañando. Estoy completamente dado vuelta, no entiendo cómo mierda me las arreglo para escribir tantas incoherencias encadenadas sin haber dejado de teclear frenéticamente por siete minutos de reloj, debería quemar un poco más seguido a ver si así se me iluminan más las ideas. De nada.
Después me puse a ver esto. Y sólo recuerdo la sirena que me trajo hasta el Oñativia, las tetas de la enfermera y un intenso dolor testicular. Por qué habrá sido esto último, no me pregunten.
Gracias Facebook que no me deja publicar un video por tener un tema de fondo! Ahora, me pregunto lo siguiente: TODO el mundo que publica videos en youtube por ejemplo, pagó derechos de autor? Está completamente cortajeado, en vez de 5 minutos y medio dura 3! Pero en fin... parte de mi pasado día de mierda. Así que bueno, lo mandamos por acá que no tiene desperdicio. Esta vez se trata de mi nueva cuñadita Ludmila con sus amigotas en el Rosedal. Copyright, shupala!
Hacía muchisimo que no editaba un clip con taaaaantas ganas. Es que éste tenía un condimento bastante especial: más allá de ir a la cancha más hermosa del mundo, estaba la posibilidad de ver de cerquita a mis ídolos bosteros. Y se cumplió el sueño... faltaron Román y Martín, pero la foto con Palacio garpó todo el resto... gracias Anto! Te debo una, bosterita!
Y obviamente, no me iba a quedar con las ganas de haber hecho fotos...
Como siempre, el mismo ladri de costumbre con los temas que me eligen mis quinceañeras. Me parece que este es de los Jonas Brothers o algo así, la cuestión es que quedó muy bueno. Y el tema del pixelado es para ocultar un poquito la cara de la nena, que si bien es muy bonita prefiero que no sea muy facilmente reconocible (más que nada porque no le puse el logo del estudio y no tengo ganas de subirlo de vuelta a youtube)